viernes, 18 de abril de 2014

Te espero

Tus abrazos me abrazan aunque ya no estés acá.

Mis ojos lloran lo que mi corazón te grita. La vida te apura, compañero: no te pienso juzgar.

La distancia es permeable para todo, excepto para el amor, la verdad, el cariño y los recuerdos que tengo hacia vos.

Un palacio cuando se derrumba lo hace una sola vez, pero un corazón lastimado se derrumba una y otra vez: se rompe lo destruido permanentemente, tal como un terco ataca los muros.

En esta pesadilla de ventanas cerradas, eres la mujer en puntas de pie paseándose mojada dejando huellas que no se secarán.

El dolor me vuelve a invitar unos tragos que quema; lo que no dije me cuelga del cuello tirándome hacia atrás.

No apresures la salida, total ya está acá: se irá el cuerpo, quedarán el dolor sin remediar.

¿Querés conocer la ausencia? Mirame un rato, corazón.

No olvides, entre vientos, de quitarme la desasón.

Llévate a pasear, distrae el paquete, también su contenido, ése que lo hace latir, pero volvé.

No sé, pero algo de esto ya lo soñé.

Desde las sombras convive conmigo la pesadilla sin posibilidad de despertar.

Quiero terminar de hacer funcionar la cabeza que no para, de adelante para atrás, y viceversa, de maquinar.

Se enciende un foco, algo tenúe en medio de una oscuridad que asusta, que se debate en privado y público si se va a mantener así, se remediará, o en su totalidad se va a apagar.

Te espero.

La vida no son años.

Son esos momentos en los cuales no se espera más de los números saliendo a ganar.

Pero, ¿quién me quita lo que te extraño?